SEGUIR E INDUCIR LOS SUEÑOS

Desde que tengo memoria los momentos previos al sueño y el despertar cuando no sabemos quiénes somos ni dónde estamos, son los mejores del día.

Momentos oníricos en los cuales todo es posible. Al cerrar los ojos y entrar en dicho estamento de la mente, siempre es como un transitar por un camino – en mi caso de tierra con vastas arboledas a los laterales y viajar, nunca me preocupó saber en qué tipo de vehículo, tal vez un automóvil o en forma aérea, pero a baja altura, lo cierto que agregando un poco de imaginación se pueden inducir sueños.

No lo supe hasta mucho tiempo después que, en  ciertas áreas de la psicología, se le llama onironauta a la persona que cobra un estado de conciencia similar al de la vigilia mientras sueña y  a este tipo de sueños se le conoce como sueño lúcido.

Yo le llamo “sueño inducido” no hablando de sueño como el acto de dormir, sino de soñar, imaginar, crear.  

Como vivo en un estado constante de somnolencia, salvo que esté realizando acciones físicas que espabilen, entro en un estado onírico a cualquier hora y donde esté, aunque poca gente lo note. Si me pongo una imagen en la mente cuando caigo en esos estados, es muy probable que sueñe con esa cosa o persona, imaginaria o real.

El momento de despertar, el cual intento estirar a más no poder, es el de la creación total – hoy lo dice la física cuántica- porque si no nos reconocemos a nosotros mismos y a nuestra realidad actual, podemos modificarla con un tiempo de práctica.

Yo he imaginado situaciones que luego se han dado con lujo de detalles en la realidad y, no pocas veces, mejoradas.

Siempre supe que debía seguir mis sueños, igual es verdad que muchas veces la vida igual te da revolcones…