NEGACHO…

Nos acompañaste  desde nuestra adolescencia eras (sos y serás padre del Polaco, amigo del barrio) mi padre trabajó en tu panadería.  Fuiste además, mi primer maestro de tango, con ese porte elegante de tango de salón, que nada tenía que ver con el robótico estilo que luego se impuso a través de los cursos de 36 clases de tango escenario, que aprendieron y enseñaron algunos voluntariosos en la provincia interior. Ganaste todos los certámenes locales de los torneos bonaerenses que yo recuerde, uno te veía pararte en el escenario y ya sabía que eras superior a todos, aunque no conociéramos el nivel de los demás participantes.

A pesar de ser un pionero de las clases de enseñanza, tuviste la humildad de plegarte a otras como alumno, aunque los que la impartíamos sabíamos que no teníamos mucho para enseñarte, tal vez apenas un paso moderno.

No debe haber foto, desde hace más de 20 años, en que no aparezcas en alguna práctica o milonga, siempre callado, de bajo perfil y amable en tus charlas.

Hoy tu familia “Potota” tu compañera, Héctor y Mirta, tus hijos,  sobrellevarán y reflexionarán sobre tu ausencia. Nuestro corazón también está con ellos.

La enfermedad que sufriste tantos años no pudo apagar tu pasión por el tango, ni siquiera hoy que te tiraste un rato a descansar de tanto sufrimiento.

Vaya con Dios, Negacho…