CUPO DE GENERO Y TERCERAS VÍAS

Hubo un tiempo, en los albores de la nueva democracia, que el mal llamado por entonces “cupo de la mujer” – en realidad era “de género” independientemente cual fuera el preponderante- que encontrar una dama para integrar las listas era todo un problema y, en lo provincial, la discusión y opción “moría” en las faldas de Ana María Posadas o Mercedes Puricelli.

En lo estrictamente local lo problema persistía ya que –patriarcal sistema si los hubo- la dirigencia política era ejercida por hombres, aunque en lo seccional hubo algunas escaramuzas con bravías militantes, que no dudaron de noquear de un telefonazo a un entonces alto dirigente peronista de Gral Villegas, cuando los teléfonos pesaban más que un ladrillo.

Calcule Ud.

En cualquier debate parlamentario nacional, provincial o local, es sabido, llevan la palabra los ptes de bloque y algún desbocado legislador y a la mayoría no se le conocen ni los suspiros. Con esto queremos inferir que ineptos, tímidos y funcionales los hay en todo nivel de ambos géneros.

Hoy que una ley mete dentro de lo privado y estatal a la comunidad  LGBTIQ+, creo que estaremos en problemas como en los 90.

No obstante nunca creí en los cupos de género, creo que mejor que se dictaran leyes para que aspirantes a legisladores y mandatarios tuvieran formación y certificaran eficacia en trabajos anteriores y fundamentalmente, la “ficha limpia” al margen de si son cóncavos, convexos o binorma.

Tampoco se debiera impulsar que una bandera multicolor flamee, como si fuera de otra provincia, al lado de la celeste y blanca que debiera acoger a todos, sin excepción de marca y pelaje, en su seno.