DEL GEMIDO DE MARIÓN

Como la novia de Robin Hood, era su nombre, una  conmoción andando.Atolondrada, puteadora compulsiva, distraída y, casi siempre, injusta.

Construimos nuestra relación, junto con nuestra vivienda, en aquel predio, frente al lago. Mucha madera, como las del héroe de las flechas, amplios ventanales en los que ella colocó cortinas floridas y frescas. Paredes con cuadros de ancha moldura, pisos de madera lustrada.

En un piso superior, previa escalera, estaba nuestra alcoba.

Ya que hablamos de la alcoba, aunque no daré detalles –por pudor- de nuestros pasionarios momentos, solo diré que eran coronados por un gemido como de pájaro agudo, musical, afinado, sonaba como campanillas de cajita de música, como la gloria de la ascensión al cielo, como entrechocar de copas de fina champaña.  

Y supe que la felicidad tenía un nombre, del gemido de Marión, la llamé.

El principio del fin se gestó una tarde primavera, ¿he dicho que la cabaña estaba a 3 kms del poblado, sin vecinos a la vista? Una de las causas era que a Marión le gustaba bañarse desnuda en el hidromasajes del patio, adornado por perennes enredaderas y flores . Fue esa tarde que, mientras yo componía música con mi piano, escuché el grito desesperado de Marión, la puerta esta se abrió violentamente y tres hombres, fuertemente armados entraron, el que parecía ser el jefe, un violento individuo con jopo a lo Elvis, la traía sujetada solo cubierta con el toallón  baño.

Nos dijeron que si “nos portábamos bien” no nos pasaría nada, que solo estaban de pasada y en la mañana se marcharían.

A mí me ataron y amordazaron, Elvis transportó a Marión escaleras arriba y un nudo parecía partirme el vientre.

Escuché forcejeos y gritos por varias horas. Creí que moriría de impotencia por no poder hacer nada.

Luego silencio.

No supe en que momento, pero me dormí, en sueños imaginaba que estaba con Marión y escuchaba su celestial gemido.

A la mañana temprano los maleantes abandonaron la finca.

Me desató Marión, estaba con los cabellos enmarañados y un olor montaráz, no dijo mucho antes de subir nuevamente a la alcoba y darse una ducha.

Arregló la alcoba y yo la planta baja, juntamos las copas y botellas de cerveza, junto con sobras de comida desperdigados por la casa.

No hablamos más del tema. Un pacto de silencio nos invadió. Entendiendo su situación preferí quedarme unos días durmiendo en el sillón y ella en la alcoba donde estaba todo el día navegando por su celular

Un mes más tarde lo intentamos, pero el pájaro de su gemido parecía haberse apagado para siempre

A los pocos días desapareció para acrecentar mi tragedia, no la busqué, sabía que era todo inútil.   Al mes escuché que la banda de maleantes que nos asaltó, había hecho lo propio con un camión de caudales. El noticiero informó que en tiroteo con la policía estatal había caído también una mujer y allí, en la imagen en el piso, cubierta esta vez de sangre, desgreñada, como la noche del secuestro, estaba Marión junto a Elvis.

Entonces   supe que aquel último gemido,   escuchado la noche de la tragedia, no había sido un sueño, como yo lo quise ver,  sino procedente  de la alcoba,  donde ella pasaba la noche con su secuestrador…