DESENCANTO, DESCREDIBILIDAD Y ABUSOS DE PODER: OTRO “QUE SE VAYAN TODOS”?

Las patrias chicas suelen ser cajas de resonancia del malestar del país, en ellas intuimos los malestares que se van gestando en la sociedad. En estas horas tres hechos- seguro hubo más- marcaron el hartazgo de sectores de clase media –comerciantes- por las medidas reinantes y el peligro latente de perder su status social y caer, más pronto que nunca, en el nicho de mercado de los subsidiados.

El primer camionetazo, la pasada semana, se le paró en la puerta al mismo alcalde local, hace unas horas los dueños de gimnasio y afines interrumpieron la sesión del Concejo Deliberante, generando algunas rispideces. Hoy el propietario de una cancha resistió a los gritos el cierre de la misma. ¿Cuánto va a faltar para que un comerciante, desesperado, ya no por la caída de su empresa, sino por no tener para llevar el pan a la mesa, provoque un hecho grave?

Las redes en estas horas estallaron, esta comunicación interna entre la sociedad es un fenómeno que puede, desde dar vuelta elecciones, a provocar movimientos y opiniones políticamente incorrectas.

Recordemos que a principios de siglo, cuando los políticos eran poco menos que un felpudo,  no existía Facebook. En ese marco sucedió una crisis mayor que se extendió entre 1998 y 2002, causada por una larga recesión que disparó una crisis humanitaria, de representatividad, social, económicafinanciera y política. Durante la crisis fueron asesinadas por agentes de seguridad del Estado y privados, 39 personas, entre ellas siete niños de entre trece y dieciocho años. ​

Estamos a tres meses de las elecciones de medio tiempo, la crisis es otra, tal vez más profunda y global, en Europa de la misma época, también hubo movimientos de hartazgo, en las legislativas de entonces en Argentina ganó el voto Clemente, aquí en Bragado Heriberto Jaureguilorda salía 2do detrás del pajarito sin alas.

Para colmo ayer Cristina otorgó un aumento del 40% para el personal de la legislatura.

Más leña al fuego y no del asado.

Como la pandemia resistirá algunos meses más, incrementando la crisis social y económica, si la dirigencia no encuentra la vuelta para recuperar capacidad de respuesta efectiva a un tema que no acaba de cerrar: cierre total, muerte de virus o muerte económica, tal vez en septiembre  el grito de “que se vayan todos” brote nuevamente en las gargantas.

Es lógico y hasta atendible y  no parece que de acá hasta la fecha aparezca un conductor de masas que pueda torcer el timón,  hacia loa recuperación de la institucionalidad – creo que a “Dipy” no le da aún-.

Pero recordemos que nuestro “ que se vayan todos” lejos de devolver república, alumbró la llegada del clan patagónico que asoló al país durante 12 años y se quedó con todo…