LA MUERTE JERARQUIZADA

En su obra “Melodrama” el escritor colombiano Jorge Franco hace un relato, en 1ra persona, de una madre que describe a su apuesto hijo Vidal con una frase que mueve a reflexión, “no sé si lo amaría tanto si no fuera tan bello”. En 2016  la imagen de Aylan, un niño sirio-kurdo  que pereció ahogado en las costas de Turquía, generó infinidad de comentarios, fundamentalmente porque en la foto se lo veía como un bb durmiendo plácidamente  en su cama, luego de alimentarse. El  mayor número  comentarios se refería, asimismo, a la belleza del bebé, emoción inserta en nuestros genes donde la atracción natural asegura la continuidad de la especie.

Pocos dijeron que había miles de Aylan ahogados en el mar, o por falta de oxígeno, hacinados en camiones que intentaban llegar a su tierra prometida, o muertos por las bombas terroristas o estatales, pero tampoco, hay que decirlo, todos eran “bellos” según la concepción occidental, sino niños comunes africanos, asiáticos, árabes, latinos.

Hoy que el covid ha llevado centenares de miles de gente en todo el mundo, más de 140 en nuestra patria chica, los nombres propios se hacen cada vez más evidentes y parecieran que duelen más los conocidos que los anónimos.

Pero para los familiares de los segundos , los que los amaron, el dolor es idéntico .

Los medios debieran ser cuidadosos en jerarquizar los fallecidos en la información o, en su defecto, confeccionar notas de opinión u obituarios, como corresponde.