Sin excusas

“Todo empieza por la gente, por el pueblo, que es el que da los temas a los políticos, habla de los que es importante reclamando acción y legislación” Steven Spielberg

Si la voz de los ciudadanos es la que marca el camino, ¿cuántas veces tendremos que clamar por el flagelo de la violencia de género?
¿Es posible que el Estado se siga ocupando de aquello que sólo le interesa a los gobernantes de turno y no ejerza todo su poder para evitar el femicidio de cientos de mujeres al año? ¿Qué espera para obedecer al pueblo que es el Soberano?
Personalmente y tras más de 20 años trabajando en género como abogada no soporto un pretexto más.
Las víctimas de violencia machista en todo su abanico (psicológica, económica, patrimonial, física, institucional, etc) se cuentan por miles anuales. Esa cifra aumenta si sumamos a los menores que viven situaciones que nadie debería experimentar jamás.
Muchos trabajamos con ellas y las ayudamos cuando buscan la salida. Pero claramente la prioridad es mantenerlas vivas. Y esa responsabilidad es fundamentalmente del Estado.
Cuando una mujer logra romper el círculo de violencia en el que se encuentra prisionera y pide ayuda, es inaceptable la falta de respuestas.
Los diferentes funcionarios públicos encargados de proteger a Úrsula Bahillo fracasaron. Y con ellos el Estado.
Para prevenir la violencia de género es indispensable una respuesta social rápida, como también detener la conducta violenta en quienes la ejercen (victimarios). De este modo se evita además de nuevos episodios, la transmisión a nuevas generaciones.
¿Cómo puede explicarse por la falta de personal, de decisión o de tecnología la muerte de un mujer que notificó a las autoridades correspondientes que temía por su vida? ¿Qué estamos esperando?
Es evidente que no alcanza con la aplicación de una ley. Es indispensable la puesta en funcionamiento de espacios de asistencia especializados en tratamientos para que los hombres que ejercen violencia dejen de hacerlo.
Más allá de los recursos ya existentes para cuando la violencia ya está en marcha, debemos comenzar con el largo proceso de erradicar esa conducta. Varios centros de trabajo en masculinidad han conseguido excelentes resultados a lo largo del país reduciendo drásticamente la reincidencia.
La mayoría son ONGS, asociaciones, hospitales o municipalidades que se esfuerzan en llevarlo adelante.
Por ejemplo, ¿Qué espera el Estado para generar equipos accesibles a todas las ciudades y disponer que frente a la violencia ya consumada el juez interviniente pueda ordenar la derivación del violento a los mismos?. ¿Cuánto tiempo debe pasar para que coordinen eficientemente los recursos que ya se tienen y que son insuficientes?
Preguntas que no hallan respuesta. Y ya no hay más lugar para excusas