EL PREMIO DE “EL BRUSCO”

“El Brusco” era un domador de mis pagos que tenía todo un record :No había permanecido màs de 5 segundos sobre el lomo de un potro. Alguna vez se caía desde el palenque, no más.

Sus amigos trataban de convencerlo que se dedicara a otra cosa, crochet, yoga o bachata, por que ya tenía tantas fracturas que se encimaban las unas con las otras. Pero José de los Angeles Retamoza, “El Brusco”, sostenía que lo haría cuando reuniera suficiente dinero como para pasar su vejez sin sobresaltos. La estadística no lo favorecía.

Un día, Don Robustiano Cambaceres, tropillero del norte, trajo sus reservados a una jineteada en el establecimiento “La Angustia”  de Laguna Alizal, era una tropilla brava en la que se destacaba “El Satanudo”, un feroz pingo al que ni los mejores jinetes habían aguantado 10 segundos, con el valor agregado que una vez en el suelo pateaba a los gauchos e, incluso se decía que había violado a uno en los pagos de Moquehuá. De modos que ya nadie se le animaba, por ello causó espanto cuando en los anuncios, debajo del nombre del potro, figuraba el nombre de “El Brusco”.

No sería necesario aclarar que los premios que ofrecían al jinete que aguantara en el lomo del potro salvaje, eran cuantiosos, exagerados, porque Cambaceres sabía que resulta imposible que alguien los ganara.

“El Satanudo” esa tarde estaba intratable, ya le había arrancado de un mordisco media oreja al cuidador y mordido la cola “lluvia” la hija de Cambaceres, una blonda y bien formada gringuita.

José de los Angeles, “EL Brusco”, se acercó al palenque caminando displicente, con un silbido entre los labios y saludando al público que hacía un silencio de responso, incluso había varios carteles, en uno decía “Vuela alto Brusco”, lo que no se sabía si se refería a cuando el potro lo arrojara por los aires, o a un posible posterior viaje al cielo., lugar asegurado porque, como se sabe, lo boludos van al cielo.  

“EL Brusco” se acomodó sobre la montura, controló la cincha, segundos antes “El Satanudo” giro su cabeza al punto que los ojos de jinete y potro, quedaron mirándose unos instantes. y muchos pensaron en el desventurado jinete de Moquehuá.  Luego comenzó la acción, cuando habían pasado 10 segundos y José de los Angeles permanecía sobre el lomo, la gritería se hizo ensordecedora y el nombre de “El Busco” fue el delirio.

No hizo falta que los apadrinadores lo bajaran del reservado, el  propio jinete se descolgó con una pose cuasi cinematográfica y, de pie al lado del animal, le torció suavemente el cogote y este quedó tendido a su lado, como un tierno gatito.

Luego se supo que don Robustiano Cambaceres se había volado la cabeza de un tiro, no sin antes entregar los premios correspondientes al ganador.

Porque los Cambaceres eran hombres y mujeres, de palabra, carajo.

Dos semanas màs tarde, firmadas las correspondientes escrituras, José de los Angeles Retamoza tomaba posesión de la estancia “La Lluvia”, casoriado ya con Lluvia Delfina Cambaceres, quien era parte del cuantioso premio ofrecido para quien lograra quebrar al “Satanudo”

La mañana siguiente, luego de saborear los mejores mates de su vida, cebados por la blanca mano de lluvia, “El Brusco” se vistió y preguntó dónde estaban los corrales, y le dijo a su mujer que volvería en un rato.

Acodado en la tranquera pegó un silbido y, al trotecito, se acercó “El Satanudo”, aquel potro  que vio nacer y cuidó, el tiempo que fue boyero en esa misma estancia.